De acuerdo con el relato
del Apóstol Pedro, después de la muerte y antes de Su resurreción,
Jesús visitó el Mundo de los Espíritus, lugar a donde van
los espíritus de las personas fallecidas. Allí Él predicó
Su Evangelio a todos los que estaban dispuestos a arrepentirse
de sus pecados y a recibir el Evangelio (1 Pedro 3:8-20).
La labor de predicar el Evangelio a los que han muerto sin
el bautismo continúa en la actualidad. Es así como la Historia
Familiar brinda el camino de investigación que permite que
se realicen ordenanzas por personas fallecidas. Actualmente
la Iglesia cuenta con grandes bases de datos genealógicas
en donde podemos investigar sobre nuestros ancestros. Una
vez realizada esta investigación, podemos remitir los datos
a más de cien templos diseminados por toda la tierra en donde
se efectuarán las ordenanzas sagradas a favor de ellos.
“A través de la Historia Familiar descubrimos el árbol más
hermoso del bosque de la creación – nuestro árbol familiar.
Sus numerosas raíces nos llevan hacia atrás en la historia
y sus ramas se extienden hacia la eternidad. La historia familiar
es la más amplia expresión del amor eterno. Es nacida de la
generosidad. Provee la oportunidad de asegurar la unidad familiar
para siempre." (J. Richard Clarke, Conference Report,
Apr. 1989, 73). "Toda nuestra vasta labor de Historia
Familiar es dirigida a la obra del Templo. No tiene otro propósito.
Las Ordenanzas del Templo llegan a ser las más excelsas bendiciones
que la Iglesia tiene para ofrecer". (Gordon B. Hinckley,
Conference Report, Apr. 1998, 115-116)
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